VENEZUELA: Aún no te conozco y te quiero

Casi a diario, cuando camino por Lima, conozco a un venezolano. Es fácil distinguirlos, si no llevan algo representativo de su país, basta con cruzar una palabra con ellos para identificarlos.

Me encanta conversar con ellos, es gente muy simpática que alimenta mi curiosidad de saber algo más de Venezuela. Me gusta escuchar sus historias, aprendo de ellas; me gusta que se sientan cómodos en mi país; me siento orgulloso de que el Estado Peruano los apoye y les de facilidades para trabajar; me encanta que mis compatriotas los acojan con cariño.

JOTA es barbero, “no peluquero” me aclara mientras me corta el pelo!!! El es venezolano y llegó hace un mes a Lima luego de un viaje, sin escalas, de 6 días por tierra. Desembarcó en el terminal de Fiori, junto a su novia, con algo de ropa y solo 170 dólares en el bolsillo. Mudarte a un país, totalmente ajeno, con solo 170 dólares??? Se me retorció el alma.

En el terminal lo esperaba un paisano, al que conoció por redes sociales. Su amigo, a quién desvirtualizó, tenía pocos meses en Perú y tuvo la buena voluntad de ayudarlo “a acortar el camino” y ubicarlo rápidamente en nuestra caótica capital.

Son miles los hijos de venezolanos que asisten a los jardines y escuelas del Perú (foto:Internet)

KA es una madre soltera de 42 años. Le tomó 7 días interrumpidos llegar a Lima. “El Viaje fue duro, solo nos alimentamos de pan con atún”, cuenta.

KA dejo en Venezuela a sus dos hijas, de 6 y de 18 años, pero esta segura que “rompiéndose el lomo” pronto las podrá traer a Lima.

Durante 18 años KA trabajó en una fábrica de zapatos en su país. Fue despedida el día que, gracias a la crisis, la fábrica quebró.

Todos los días sale de su casa a las 7 am y regresa pasadas las 10 pm. Vende “Bombas” (dulce venezolano) en el Jirón de la Unión.

Con una gran sonrisa afirma: “En el Perú nos tratan chévere”.

EME bordea los 50 años de edad y llegó hace menos de un año al Perú, junto a su esposa y dos hijas de 4 y 13 años. Al igual que JOTA y KA, arribaron por tierra al país, dejando su pasado y toda una historia familiar en Venezuela.

Los 4 viven en una habitación en el Cono Norte. Cuenta que se siente extraño al no tener miedo cuando lleva a sus hijas al colegio y le parece un sueño el entrar a una tienda y encontrar todos los productos que necesita.

Antes de partir al Perú, EME trabajo en el servicio de inteligencia del gobierno del ex presidente Carlos Andrés Pérez; luego, desde el año 2000, hasta su llegada a Lima, se dedicó a la electrónica, su gran pasión.

Hoy, junto a su esposa, recorren los populosos distritos de Comas y Carabayllo vendiendo arepas, esas ricas tortillas de maíz rellenas que, en los últimos meses, se han vuelto “archi-famosas” en Perú.

La venta de Arepas se ha vuelto un negocio muy común entre los venezolanos que llegan al Perú (foto:Andina)

Estas son tres, de las miles de historias de venezolanos que “reventaron” y huyeron de su tierra natal en busca de dignidad. A pesar de sus aferradas raíces, el instinto de supervivencia los obligó a tomar la difícil decisión de auto-exiliarse del país que aman, animándose a saltar al vacío, en un país ajeno y desconocido, para empezar de nuevo.

Estas tres historias, al igual que muchas otras, tienen una gran similitud; la valentía, la fe, el amor y, por supuesto, la simpatía y chispa que derrochan nuestros hermanos venezolanos.

Estas tres historias, a pesar de ser tan distintas, tienen el mismo hilo conductor: un venezolano lleno de coraje, fuerza y empuje, que se controla para no desmoronarse, al que se le ponen los “ojos rojos y llorosos” cada vez que habla de su tierra, de su historia, de su familia y de la vida que dejó en aquél país en el que nació. A pesar del dolor, están dispuestos a luchar como fieras para salir adelante.

Se han convertido en víctimas de un país donde reina el caos, la hambruna, corrupción, violencia, la escasez de recursos y el exceso de abusos. Lo que mas impotencia da es que esta complicada situación es gracias a una nefasta herencia chavista, un presidente inepto, un gobierno y una política egocéntrica que solo busca el beneficio de un puñado de personas.

Populosa manifestación en Caracas contra el gobierno de Maduro (foto:Internet)

La situación en Venezuela algún día acabará. Cuando pase (con todo corazón espero que sea pronto), varios miles de venezolanos, regados por el mundo, habrán sido Grandes Maestros de vida para las personas que tocaron. Nos habrán dado una gran lección de patriotismo; de andar con la frente en alto mostrando, ya sea en un polo, una chaqueta o una gorra, las estrellas blancas y el amarillo, azul y rojo de su bandera; de compañerismo, agradecimiento y confraternidad. De cómo se puede reinventar la vida, muchas veces mordiendo el orgullo y trabajando “en lo que venga” para salir adelante.

(foto:Internet)

Nunca sacaré de mi mente la cantidad de venezolanos que vi, en la Av. Larco, vistiendo sus colores patrios celebrando, clasificación del Perú al mundial de Rusia 2018, como si fuese suya.

Cuando todo pase habrán sido los grandes embajadores de su país; contándonos y promoviendo, a través de los años y con gran emoción, de las maravillas que tiene Venezuela; de los impresionantes Tepuyes y su relación con el inicio de la tierra; de Roraima; del Salto del Ángel y sus 979 ms de altura; del Delta del Río Orinoco y sus elegantes delfines rosados; de las bellísimas islas y playas en el Parque Nacional Morrocoy; del Cerro Ávila, el gran guardián de Caracas o de las suaves arenas del Parque Nacional los Médanos del Coro.

Impresionante Salto del Ángel, la caída de agua natural mas alta del mundo (foto:Internet)

Cuando llegue ese día, habrán posicionado la arepa, el pabellón criollo, la hallaca y el sancocho en los “exigentes” paladares incas; además contaremos con “areperas” en los diversos barrios de las principales ciudades del país. Cuando llegue ese día nuestros hermanos venezolanos nos habrán mostrado que un país no lo hace el gobierno de turno, sino su gente!

Tengo fe y pienso que, dentro de poco, todo esto será historia del pasado.

Con mi querida amiga Ari Arteaga a quién le debo mucho de lo que se sobre Venezuela

Venezuela, exceptuando las Guyanas y Surinam, es el único país sudamericano que aún no he pisado; mis ganas de hacerlo son infinitas (mi venezolanísima amiga Arianna Arteaga es testigo de ello).

El día que aterrice en su bendecida tierra caminaré hacia los grandes Tepuyes, fotografiaré en la Gran Sabana, bucearé en Los Roques; escribiré sobre Venezuela y colaboraré, con mi granito de arena, con la promoción de esta tierra de gente hermosa.

El día que aterrice en su bendecida tierra lo celebrare tomándome un buen ron venezolano en las alturas de Roraima.

Soy un convencido de que el turismo es una fuente importante para levantar un país; cuando Venezuela pase este “mal trago”, el turismo será un pilar fundamental para salir adelante.

Venezuela es un país bendecido geográfica y culturalmente pero, sobre todo bendecido por su gente. Gente cálida de buen corazón que está demostrándole al mundo que podrán robarte hasta el hogar, pero jamás la dignidad!!!

Porque un país no lo hace un estado, sino su gente!!!

#FuerzaVenezuela

#ElPeruEstaContigo

By | 2017-11-30T10:48:58+00:00 noviembre 29th, 2017|0 Comments
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