Una Gran Aventura por los Ríos del Manú

A lo largo de mis mas de dos décadas como viajero he recorrido los principales destinos de el país; muchos de ellos en repetidas ocasiones. Por una u otra razón, el parque nacional mas famoso del Perú, el Manú, me había sido esquivo, hasta que llegó este gran viaje.

Entrando a las llanuras del Manú

Pepe López, Gerente General de la empresa Apumayo y gran promotor de turismo de aventura en el Manú y en diversas regiones del Perú, me hizo una invitación imposible de rechazar: Estaba organizando una expedición única; bajar los ríos afluentes del río Alto Madre de Dios en Stand Up Paddle, ubicados en la región del Kosñipata, puerta de entrada al Parque Nacional del Manu y considerada como Zona Reservada y de amortiguación. Era la primera vez que se bajarían estos ríos en SUP.

Sería un gran desafío, solo apto para experimentados y valientes amantes del SUP. Viajaríamos con 4 “paddelistas” y 3 kayakistas de seguridad; el resto de expedicionarios nos moveríamos en balsas de rafting.

El “Paddelista” Alvaro Bedoya en acción

Además, parte de la misión fue reconocer el potencial del turismo y de los emprendedores locales que buscan insertarse en el negocio que el turismo lleva al Parque del Manu.

El Stand Up Paddle, también llamado SUP, es una modalidad de origen polinésico que trata de deslizarse parado en una tabla, similar a una de surf, donde el navegante solo utiliza un remo como herramienta de apoyo y equilibrio.

La Partida

Salimos del Cusco por la mañana. Luego de algunas horas de camino cruzamos el pintoresco pueblo de Paucartambo y nos dirigimos hacia 3 Cruces (4,050 msnm), la entrada al Manú.

Amanecer desde la estación de Wayquecha

El Parque Nacional del Manu, tiene una envidiable biodiversidad y una interesante geografía, la que va desde la Puna, sobre los 4.000 msnm, y llega a la selva baja, a menos de 500 msnm.

Dentro del Manú los Andes se internan en el Bosque Nublado Amazónico, formando quebradas y valles que se juntan para forman los principales ríos de la cordillera Oriental de los Andes, los que bajan hacia la Amazonia y son la base de los principales ecosistemas del Parque.

Mono Choro en el Manú

Media hora mas adelante, cerca de las 2 pm, llegamos a la Estación Biológica Wayquecha, ubicada en medio del bosque nuboso.

Huayquecha es un excelente punto para pasar la primera noche y para conocer la parte alta del Manú. Cerca de sus instalaciones existen varias rutas para andar, en donde encontramos una variada cantidad de orquídeas.

Orquidea en los alrededores de la Estación Biológica de Wayquecha

Uno de sus mayores atractivos es el impresionante canopy (puente colgante) que cruza parte del bosque de nubes. En medio de este puente observamos parte de este piso ecológico del Manú y las grandes paredes de musgo, donde el agua se condensa y forma pequeños ríos que terminan alimentando a los mas grandes.

Puente Colgante en Wayquecha

Pasamos una noche tranquila, con una vista espectacular y arrullados por el sinfónico sonido de la selva. Continuamos nuestra ruta hacia la parte mas baja. Luego de tener una parada obligada en la zona de San Pedro para fotografías a los coloridos gallitos de las rocas y de ser observados por un grupo de imponentes monos choros, llegamos a Pilcopata.

Gallito de las Rocas, el ave nacional del Perú

Desde ahí tomamos un camino poco carrozable hasta llegar a Casa Blanca Lodge, punto donde pasaríamos nuestra segunda noche.

Empezando la Aventura

Madrugamos en Casa Blanca, Lodge ubicado a pocos metros del río Q’eros, el primero que los “paddelistas” surcarían.

Daniel Rondón, Pepe López, Álvaro Bedoya y un norteamericano apodado Tai; serían los 4 “bravos” que entrarían al río acompañados solo por una tabla y un remo.

El nerviosismo de los protagonistas se respiraba en el ambiente, era la primera vez que una expedición de SUP entraba a los ríos afluentes al Manú.

Pepe Lopez bajando uno de los ríos afluentes al Alto Madre de Dios

El grupo lidió bien con los rápidos de esta primera jornada, en la cual recorrimos cerca de 8 km río abajo. Terminamos Pilcopata donde paramos a almorzar para luego trasladarnos a la Estación Biológica de Villa Carmen.

Rana Nocturna en la Estación Biológica de Villa Carmen

El segundo día fue mas intenso. Luego del desayuno entramos al río Tono, el mas complicado que de los que tocaría lidiar. Fue impresionante ver a estos 4 profesionales del SUP enfrentar los largos y movidos rápidos.

Daniel Rondón en acción

Nosotros, los que atónitos observamos desde las balsas, andábamos con el corazón en la mano y cruzando los dedos para que Daniel, Álvaro, Pepe y Tai sufran un traspié en uno de los rápidos y se les complique la travesía.

Gabriel Soldevilla lidiando en Kayak uno de los rápidos

Terminamos la jornada con pequeños percances que no pasaron de un susto. La parte mas “Brava” había pasado.

Por la tarde, luego de un merecido descanso, partimos hacia los místicos Petroglifos de Hinkiori, interesantes gráficos sobre una gran piedra que revelan la poco conocida simbología de la Cultura Wachiperi.

Parte del equipo de apoyo nos movimos en balsas de canotaje

La Llanura Amazónica

Por la mañana nos dirigimos a la localidad de Fortaleza, punto donde abordaríamos el río Kosñipata. Nos esperaba una larga jornada, de cerca de 5 horas. Los paddleistas lidiaron bien las “aguas rápidas” que terminarían en el pongo de Qoñec, lugar donde las últimas montañas de Manú se funden con la inmensa llanura amazónica.

Alvaro Bedoya entrando al río Alto Madre de Dios

El resto de la ruta fue puro trámite, las aguas del Kosñipata desembocaron en las del río Alto Madre de Dios, impresionante lugar donde el tupido paisaje amazónico fue el gran protagonista de la tarde

Terminamos la ruta en el pueblo de Atalaya, los 2 días restantes de viaje serían de puro relajo y contemplación de la gran selva amazónica.

“Pepe Negro”, uno de los guías de la expedición, llegando a Atalaya

El pueblo de Atalaya

By | 2017-12-20T06:39:57+00:00 diciembre 20th, 2017|0 Comments
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